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Micromachismos. ¿Violencia blanda?
Reflexión

Micromachismos. ¿Violencia blanda?

Machismo cotidiano que lo inunda todo. Es...
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Machismo cotidiano que lo inunda todo. Es una forma sutil de la violencia de género que suele pasar desapercibida. La vemos como algo normal, inofensivo… pero no lo es.

Para y piensa un minuto: ¿cuántas veces te has sentido intimidada cuando caminas por la calle? ¿Cuántas veces te has cambiado de acera para evitar un comentario? ¿Cuántas veces te has mirado en el espejo y has pensado si ese escote o esos pantalones ajustados te harían aguantar demasiadas miradas ese día? ¿Cuántas veces has sentido que tu opinión era invisible en tu trabajo o has soportado que te juzguen como ambiciosa, mientras a tus compañeros hombres se les animaba a ser líderes? ¿Cuántas veces te has bajado del metro o del autobús con la asquerosa sensación de que aquel hombre se ha arrimado más de la cuenta? ¿Cuántas más has escuchado, en tu familia o en tu grupo de amigos, que es una pena que no tengas novio? «¿Estás segura de no querer tener hijos?, ¿no crees que has engordado demasiado?, ¿por qué no le das una oportunidad a ese chico? Te vas a quedar sola. Arréglate más, te ves poco femenina…».

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Es probable que alguna o muchas de estas situaciones te suenen. Es más, es seguro que las vivas casi a diario. Las mujeres estamos tan acostumbradas a convivir, desde pequeñas, con situaciones y comentarios machistas, que las damos por descontado. La sociedad entera pasa por encima de estas experiencias que, sin embargo, condicionan nuestras vidas. Y si te quejas o si alzas la voz para contar algo que te ha sucedido, es probable que escuches un «no es para tanto», «deja de quejarte», «no exageres», «estás loca».

Hay una palabra que nos sirve para nombrar este machismo cotidiano: micromachismos. No son micro por pequeños o por poco importantes, sino por normalizados y naturalizados, por tantas veces justificados y legitimados. Vivimos el micromachismo todo el tiempo, en todos lados: en la calle, en el trabajo, en la escuela, con nuestros amigos, nuestros familiares y hasta en nuestro propio hogar.

Todas estas experiencias y comentarios cotidianos son la base sobre la que se construye la discriminación más grave y la violencia contra las mujeres: los micromachismos nos señalan a nosotras como ciudadanas de segunda que pueden ser intimidadas, tocadas, interrumpidas, menospreciadas. Son también una forma de considerar a las mujeres como seres incompletos que siempre necesitarán de los hombres o los hijos para sentirse realizadas; como si fuéramos personas frágiles a las que se debe tratar con paternalismo y a las cuales se les juzga por su apariencia, en lugar de por lo que dicen y por lo que hacen.

Esta forma de machismo poco visible perpetúa y profundiza las desigualdades de género. Son miles las formas en que el machismo se expresa en nuestra vida cotidiana. Muchas veces sentimos vergüenza de contar en voz alta las experiencias que hemos sufrido porque convivimos con un relato que nos culpa de lo que nos sucede. Rompamos el silencio.

Eso es lo que hacemos en el blog Micromachismos: compartir y denunciar para que la sociedad las escuche y reivindicar la experiencia de las mujeres. Para no sentirnos solas y buscar una forma de hacer frente a estas situaciones de todos los días. Y también para lanzar un mensaje importante y preciso: necesitamos que los hombres sean conscientes de los micromachismos y cambien de una buena vez.

Por Ana Requena Aguilar. Es periodista y escritora. Trabaja en el periódico digital español eldiario.es y en 2014 lanzó el blog Micromachismos, que le ha valido varios premios. Ha participado como coautora en libros sobre comunicación y género e imparte talleres y conferencias sobre estos temas.

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Esrito por:
Daniela España