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El día que la ciudad se pintó de violeta
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El día que la ciudad se pintó de violeta

Desde las tres de la tarde decenas...
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Desde las tres de la tarde decenas de mujeres comenzamos a reunirnos en la Victoria Alada de la Ciudad de México. Las decenas se convirtieron en centenas que se podían ver reunidas en pequeños grupos compartiendo cartulinas, plumones, pintura y muchas sonrisas, a pesar de que las estadísticas estén en nuestra contra: en 2017 fueron asesinadas más de 1,800 mujeres por motivo de género, y muchas más desaparecieron.

Por esa razón decidimos salir a la calle y gritar a todo pulmón que estamos cansadas del acoso sexual; que queremos ser libres, no valientes; que queremos una vida digna sin brecha salarial; que nuestros cuerpos son nuestros y decidimos sobre ellos; que somos seres humanos y exigimos respeto.

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Los contingentes se fueron agrupando y muy pronto comenzamos a caminar, a tomar las calles que también son nuestras, a cantar y a encontrarnos unas en otras. Nos reconocemos en manada: el 47% de nosotras ha padecido de acoso sexual, muchas veces desde que somos niñas. Seguimos caminando mientras a nuestras espaldas nos seguían largas filas de compañeras con cartulinas y marcas pintadas en los brazos, en las espaldas, en los senos «No es no». «Ni una menos». «Vivas nos queremos». Por fin llegamos al Hemiciclo a Juárez y paramos a descansar un momento, pero cuando pensábamos que ahí terminaba todo, comenzamos a caminar de nuevo al grito de «¡Zócalo, Zócalo, Zócalo!». Cuando nos dimos cuenta, ya estábamos recorriendo la calle de Madero con nuestras consignas, frente a los ojos sorprendidos de turistas y transeúntes.

Mientras coreábamos «¡No! ¡Ya te dije que no!», cruzamos a la plancha del Zócalo y lo recorrimos todas juntas, contentas de haber llegado, de habernos reunido, de haber marchado y de habernos sentido libres de las labores de cuidado no remuneradas, del acoso callejero y de las miradas inquisitivas, siempre sobre nosotras. Hoy paramos, por nosotras, por nuestras niñas, por las que ya no tienen voz. Mañana hay que volver al trabajo y a la vida cotidiana. Pero hoy, la Ciudad de México se pintó de violeta.

Por Dariela Romero.

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Esrito por:
Daniela España